Cuando desarrollamos una estructura interna sana, la ansiedad pierde completamente su autoridad. Las emociones dejan de gobernar, y nuestras decisiones, aunque más lentas, se vuelven más correctas y sólidas. El proceso de Dios se honra y Su propósito se protege. La ansiedad puede tocar a tu puerta, pero tu estructura es quien decide si la dejas entrar o no.
Es crucial entender que la ansiedad no se vence únicamente con una oración emocional o con solo reprenderla. Se vence con una vida estructurada en principios sólidos. La ansiedad empuja a la prisa, pero la estructura sostiene. La ansiedad acelera sin rumbo, pero la estructura preserva lo que Dios está construyendo en ti.