Protege tu propósito identificando y cerrando las brechas emocionales que el enemigo usa como acceso. No dejes que los dardos de la ansiedad o la ofensa te consuman; mantén tu escudo de la fe humedecido en la presencia de Dios. Aprende a diferenciar entre consecuencias, pruebas y ataques para caminar con autoridad y victoria.